Si yo fuera un SPINNER

Allí estaba yo, solo, inmóvil, aburrido, lo peor de todo es que no me habría encontrado en aquella  situación de no ser por aquel inquieto niño que me hacía girar en un  mal momento. Pero claro está  que yo complacía su inquietud obedeciendo a sus consecuentes actos. De no ser por ello no me habría encontrado en aquel extraño  lugar. En el segundo cajón de la mesa del profesor de matemáticas.

Estaba tan ceñido en mis profundas reflexiones que me sobresaltó que en el pacifico cajón en el que me encontraba comenzaran a distinguirse estridentes voces que interrumpían el silencio de una manera exagerada. Al principio decidí no darles mayor importancia pero más tarde me resultó  imposible no prestar atención.

-¿Eso de allí no es un spinner?, he oído hablar de ellos-explicó alguien desde lo lejos

Dos figuras se dirigían directas hacia mí, por lo que me vi obligado a responder.

-Sí, así me llaman, spinner .Y  no pretendía acabar aquí de esta manera, solo estoy de paso-contesté escogiendo bien las palabras

-Eso creía yo hace dos meses y mira, aquí sigo-bromeó la primera voz

Entonces logré diferenciar a un cubo de rubik y un trompo de color azul

– Yo tengo cosas importantes que hacer allí fuera, soy famoso-Traté de aclarar

-Por lo que te quede. Yo también lo fui en su momento-respondió el cubo

– No sé qué quieres decir con eso-argumenté intimidado

-Pues que tienes los días contados amigo, la fama no es más que un capricho-me hizo saber

-A mí la fama solo me trae malos recuerdos, al fin y al cabo lo difícil de ella es olvidar lo que un día fuiste y asumir que los días que pasaron, no volverán-lamentó el trompo

-Pero yo soy capaz de mucho, no solo soy famoso, puedo ir al compás del viento, llamar la atención de muchas personas, la mayoría de miradas recaen sobre mí,  recibo numerosos aplausos de mis aficionados…-

Aunque hizo el amago de responder, no le dio tiempo, un brusco golpe interrumpió nuestra conversación y abrió el cajón con un hueco sonido que hizo temblar la mesa.

-Disfruta de lo que te quede, cuando vuelvas por aquí, será para quedarte –Esas fueron las últimas palabras que logré diferenciar del cubo de rubik

La mano del profesor me cogió y me devolvió a mi dueño, que se encontraba  tan alegre como de costumbre, entonces evoqué al cubo de rubik  diciendo que al igual que él y que el  trompo, un día yo también sería olvidado, pero rechacé la opción de imaginarlo y me propuse que en un futuro no muy lejano todos tendrían en su mano a  uno como yo y que como los humanos nos controlan haciéndonos girar, nosotros tomaríamos las riendas del asunto pasando de ser un juguetito indiferente a un gran invento que cambiaría a mejor, la vida de los demás.

Elena Siles