Maniquí

SI YO FUERA…

UN MANIQUÍ

Estoy en un almacén, llevo aquí una semana porque se acerca el “ Black Friday “ o como yo lo llamo “El mal Friday“ y tienen que cambiar todos los escaparates. Aunque no lo creáis por estas fechas a lo maniquíes nos gusta estar en los almacenes en vez de lucirnos. Os voy a explicar por qué. Espero que este año no sea tan vergonzoso como el de 2014. Dos señoras de baja estatura se abalanzaron sobre mí para quitarme la camisa que llevaba. Cada una me arrancó un brazo. La de la derecha consiguió hacerse con la camisa pero no creo que se fuera muy contenta a su casa porque le arrancó la peluca antes de salir corriendo hacia otro maniquí que tenía una blusa parecida. O como en el 2012, mi peor año ya que en en el “Mal Friday”, un hombre me arrancó de cuajo la cabeza al quitarme mi precioso sombrero. Menos mal que estaba Paquito que es el hombre que nos monta y me salvo la vida, “es mi SALVADOR”. Y así año tras año, en la época de rebajas nos peleábamos para estar en el almacén a salvo de señoras bajitas, pequeños renacuajos que nos pegan mocos y avalanchas de gente en busca de chollos.

Este año he tenido suerte y como decía al principio he acabado en el almacén pero junto a una caja de pelucas que no me traen muy buenos recuerdos… Espero que si al final me acaban sacando de aquí, no vea la tontería esa de “El maniquí challenge“. Vaya plagiadores. Qué poco estilo, yo lo hago mil veces mejor. Entonces entró un empleado con una carretilla limpísima (es ironía) buaaah ¡Qué asco! Me cogió con sus asquerosos guantes y me llevó al peor escaparate, al temido escaparate del 70% de descuento. Me pusieron prendas tan horrorosas que ni las más “marujas” desesperadas por llevarse una prenda rebajada hubieran querido comprar, o eso pensaba yo.

Llegó el día esperado y el centro comercial abría sus puertas a las 9:00. Yo ya me iba preparando para sufrir, ya eran las 9:30 y no había ocurrido ningún incidente gracias a Dios, o mejor dicho a “Jesuquí”  el Dios de los maniquíes. De repente una multitud de gente me zarandeó.

A las 11:00 pasó lo que tenia que pasar, una señora, justo ese tipo de señoras que reconoce prendas horteras baratas allá donde las ve y… corriendo como si la persiguiese un elefante, se abalanzó sobre mí y me rompió tres dedos; un brazo y una pierna. Y otra vez Paco que andaba por allí me salvó y me llevó al almacén al ver mi estado.

Luego me enteré de que todo el centro comercial había hecho un “maniquí challenge”. Menos mal que no estaba allí y gracias a “Jesuquí” me ha librado del resto del mal friday.